La escritora y traductora ucraniana Elena Kostioukovitch,
responsable de la traducción al ruso de Umberto Eco, desentraña el código
culinario que hace de Italia una ineludible referencia gastronómica en
«Por qué a los italianos les gusta hablar de comida», un monumental
itinerario de geografías y sabores para conocer de cerca la historia, cultura y
costumbres de ese país.
responsable de la traducción al ruso de Umberto Eco, desentraña el código
culinario que hace de Italia una ineludible referencia gastronómica en
«Por qué a los italianos les gusta hablar de comida», un monumental
itinerario de geografías y sabores para conocer de cerca la historia, cultura y
costumbres de ese país.
¿Por qué habría de prologar un libro de cocina?», se
pregunta el escritor italiano Umberto Eco al comienzo de la publicación.
Kostioukovitch es la traductora al ruso de su obra -razón de sobra para ensayar
una posible respuesta-, sin embargo Eco encuentra otra razón que justifica su
presencia: «Lo que vais a leer es un libro de cocina pero también un libro
sobre un país, sobre una cultura, o mejor, muchas culturas».
pregunta el escritor italiano Umberto Eco al comienzo de la publicación.
Kostioukovitch es la traductora al ruso de su obra -razón de sobra para ensayar
una posible respuesta-, sin embargo Eco encuentra otra razón que justifica su
presencia: «Lo que vais a leer es un libro de cocina pero también un libro
sobre un país, sobre una cultura, o mejor, muchas culturas».
Kostioukovitch vive en Italia hace 30 años. Es editora,
ensayista, y traductora de origen ruso (Kiev, Ucrania, 1958). Es autora de la
novela «Sette notti» y con su libro «Por qué a los italianos les
gusta hablar de comida» (Tusquets), traducido a siete idiomas y
distinguido en 2007 con el Premio Selezione Bancarella della Cucina, se propuso
entender por qué en las conversaciones de los italianos nunca falta una alusión
gastronómica.
ensayista, y traductora de origen ruso (Kiev, Ucrania, 1958). Es autora de la
novela «Sette notti» y con su libro «Por qué a los italianos les
gusta hablar de comida» (Tusquets), traducido a siete idiomas y
distinguido en 2007 con el Premio Selezione Bancarella della Cucina, se propuso
entender por qué en las conversaciones de los italianos nunca falta una alusión
gastronómica.
Con la mirada de quien conoce pero mantiene cierta
extrañeza, la traductora se calzó la titánica tarea de armar una historia, como
un viaje, que ondula entre territorio y comida, en un recorrido de norte a sur
que devela la «insignia comestible» de cada región. «Como todo
lenguaje, la cocina contiene y expresa la cultura de quien la practica, es
depositaria de las tradiciones y la identidad de los grupos humanos»,
escribe la autora.
extrañeza, la traductora se calzó la titánica tarea de armar una historia, como
un viaje, que ondula entre territorio y comida, en un recorrido de norte a sur
que devela la «insignia comestible» de cada región. «Como todo
lenguaje, la cocina contiene y expresa la cultura de quien la practica, es
depositaria de las tradiciones y la identidad de los grupos humanos»,
escribe la autora.
Transmitir una receta es transmitir un lugar de pertenencia.
En Italia el helado es siciliano, la ensalada capresa, el arroz milanés, el
bistec florentino, la bagna cauda piamontesa y la grapa friuli-veneciana. No es
lo mismo la salsa alla romana que alla siracusana o alla napoletana. Menos el
pesto genovés y el trapanés. Cada plato, y la forma de hacerlo, hablan de una
identidad.
En Italia el helado es siciliano, la ensalada capresa, el arroz milanés, el
bistec florentino, la bagna cauda piamontesa y la grapa friuli-veneciana. No es
lo mismo la salsa alla romana que alla siracusana o alla napoletana. Menos el
pesto genovés y el trapanés. Cada plato, y la forma de hacerlo, hablan de una
identidad.
Como apunta Eco: «Conocer la cocina italiana en toda su
variedad significa descubrir la diferencia abismal no solamente de lenguaje
sino también de gusto, mentalidad, genio, actitud ante el dolor o la muerte,
locuacidad o silencio, que existe entre un
variedad significa descubrir la diferencia abismal no solamente de lenguaje
sino también de gusto, mentalidad, genio, actitud ante el dolor o la muerte,
locuacidad o silencio, que existe entre un
siciliano y un piamontés, o entre un véneto y un
sardo».
sardo».
En su primera visita al país, Kostioukovitch, más italiana que
rusa -«me siento italiana porque además del pasaporte, tengo hijos,
familia y trabajo», dice-, bromea que la única dificultad para pasar
desapercibida es la pronunciación de su apellido. «En Italia el apellido
complejiza la plena integración. Acá es distinto, por su naturaleza inmigrante
se encuentran todos los apellidos, pero allá no», dice.
rusa -«me siento italiana porque además del pasaporte, tengo hijos,
familia y trabajo», dice-, bromea que la única dificultad para pasar
desapercibida es la pronunciación de su apellido. «En Italia el apellido
complejiza la plena integración. Acá es distinto, por su naturaleza inmigrante
se encuentran todos los apellidos, pero allá no», dice.
-Télam: Según cuenta en el libro, llegó a Italia sabiendo la
lengua a la perfección, sin embargo encontró una dificultad: que se perdía en
las conversaciones cuando se ponían hablar de comida ¿qué significa esto?
lengua a la perfección, sin embargo encontró una dificultad: que se perdía en
las conversaciones cuando se ponían hablar de comida ¿qué significa esto?
-Elena Kostioukovitch: Hablar bien no quiere decir
necesariamente conocer el país. De hecho, mi italiano empeoró con el tiempo
respecto a cuando llegué y hablaba sin errores tal como había estudiado en Moscú.
Ahora soy más natural. Empecé a pensar en italiano: sé cuál es la comida, no
necesito buscar definiciones ni medidas culinarias. Ahora que ya no estoy
investigando, soy parte del sistema y la comida es parte de mi realidad.
necesariamente conocer el país. De hecho, mi italiano empeoró con el tiempo
respecto a cuando llegué y hablaba sin errores tal como había estudiado en Moscú.
Ahora soy más natural. Empecé a pensar en italiano: sé cuál es la comida, no
necesito buscar definiciones ni medidas culinarias. Ahora que ya no estoy
investigando, soy parte del sistema y la comida es parte de mi realidad.
-T: Petrarca lamentaba que los italianos hablasen más de
comida que de literatura. ¿Cómo se traslada esto a las referencias literarias?
¿Es una presencia omnipresente?
comida que de literatura. ¿Cómo se traslada esto a las referencias literarias?
¿Es una presencia omnipresente?
-EK: Yo pienso que el código literario concierne a muchos
escritores italianos, pero no a todos. No es posible generalizar la comida como
elemento distintivo de la literatura italiana. En Italia ese vínculo está muy
usado por Andrea Camilleri o Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de «El
Gatopardo». Y también hay mucha importancia de la comida en la producción
del poeta Alessandro Manzoni. Pero eso depende de la poética de cada escritor.
Hay algunos escritores que no tienen ese interés. Y en los rusos uno se puede
encontrar con Dostoievski, que no considera el tema de la comida, no se sabe si
sus personajes comen o no, mientras que Gógol, en cambio, habla solo de comida.
escritores italianos, pero no a todos. No es posible generalizar la comida como
elemento distintivo de la literatura italiana. En Italia ese vínculo está muy
usado por Andrea Camilleri o Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de «El
Gatopardo». Y también hay mucha importancia de la comida en la producción
del poeta Alessandro Manzoni. Pero eso depende de la poética de cada escritor.
Hay algunos escritores que no tienen ese interés. Y en los rusos uno se puede
encontrar con Dostoievski, que no considera el tema de la comida, no se sabe si
sus personajes comen o no, mientras que Gógol, en cambio, habla solo de comida.
-T: ¿Y en el caso de Umberto Eco?
-EK: El tiene siete novelas y en cada una hay una escena que
habla de comida. En cada una hay una cápsula, que es este momento donde se
habla de comida, y digo que es una cápsula porque es el momento donde está
encerrada toda la novela. Basta leer esa escena para tener una idea de la obra
en su totalidad. Eco tenía un enfoque olfativo para describir a las mujeres en
sus libros. Por ejemplo, en un caso hablaba de una mujer con un perfume
«educado». Me di cuenta que en su obra aparecía este elemento
olfativo y se lo comenté a Eco. «¡Estás loca!», me dijo. Quiero
decir: el traductor llega a conocer detalles muy particulares del escritor, que
el propio escritor ni siquiera reconoce.
habla de comida. En cada una hay una cápsula, que es este momento donde se
habla de comida, y digo que es una cápsula porque es el momento donde está
encerrada toda la novela. Basta leer esa escena para tener una idea de la obra
en su totalidad. Eco tenía un enfoque olfativo para describir a las mujeres en
sus libros. Por ejemplo, en un caso hablaba de una mujer con un perfume
«educado». Me di cuenta que en su obra aparecía este elemento
olfativo y se lo comenté a Eco. «¡Estás loca!», me dijo. Quiero
decir: el traductor llega a conocer detalles muy particulares del escritor, que
el propio escritor ni siquiera reconoce.

